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7 de mayo de 2013

El maldito efecto Pepón

El actor Pepón Nieto en Periodistas
Hubo un momento en la historia reciente de España, que llegó a su punto álgido con el éxito de la serie de TV Periodistas, en el que los jóvenes de este país se decantaban en masa por ser periodistas. El efecto Pepón, así es como bautizaron los periódicos en papel (porque por aquel entonces aún no existían los diarios online) este efecto masificador de aulas ya que creían que estaba instigado por el carisma de uno de los actores de la serie. Yo nunca la llegué a ver, y por tanto ese no fue mi catalizador para estudiar la carrera de Periodismo, pero el maldito efecto Pepón me ha acompañado durante muchos años.

El maldito efecto Pepón me llevó a hincar los codos durante el último curso de bachillerato para llegar a conseguir una media de nota que me permitiera acceder a la universidad. El maldito efecto Pepón hizo que me viera condicionada a ponerle unas cuantas velas a la Moreneta para que me concedieran unas prácticas en algún medio de comunicación. El maldito efecto Pepón me llevó a ver como muchos de mis compañeros de la universidad tenían que cambiar de rumbo profesional porque no les daban ninguna oportunidad.

Pero de repente, el efecto Pepón cambió de signo: Pasó de "maldito" a "bendito". Ocurrió cuando levanté los ojos a otras áreas profesionales: la comunicación corporativa, la ciencia, la salud. Comencé un paseíto que me está llevando a dar un giro por el mundo de la comunicación que me lleva a experimentar desde distintos lugares y puntos de vista, a través de unas áreas de especialización que me permiten compartir ideas y conocimientos con profesionales de muy diversas áreas. Algo realmente enriquecedor.

Hace un par de días me encontré con un compañero que también fue "víctima" del maldito efecto Pepón y fuimos a tomar algo. Cuando nos trajeron la segunda ronda de cervezas le dije:

- Ésta por Pepón.
- ¿Qué?
- Bueno, por Pepón y por Internet. Porque gracias al efecto Pepón supimos que había que currárselo y no hacer lo de siempre y gracias a Internet porque, por fin, ahora tenemos espacio para poder desarrollarnos profesionalmente.
- No he entendido nada. Pero ¡salud!
- ¡Salud!

22 de enero de 2013

Le he preguntado a Google quién soy

quien soy en Google

Esta noche he tenido que verme a mi misma en una situación realmente embarazosa preguntado a Google esto que veis aquí arriba: "¿Quién soy?" ¿Cómo he llegado hasta aquí? Os lo cuento rápido:

Por la mañana he salido con el tiempo justo de casa y cuando me he subido al coche he encendido la radio y he escuchado que había retenciones en mi ruta habitual al trabajo. Mientras esperaba en el semáforo de siempre he tenido tiempo de consultar en el mapa de mi smartphone una ruta alternativa. Durante el día, he entrado al menos una decena de veces en Google para preguntarle cosas tan variopintas como "efectos del colesterol en las arterias", "móvil se escribe con v", "conjunción de la luna con Júpiter" o "cómo preparar unas alcachofas para el horno".

No es de extrañar pues que a estas horas, después de leer un artículo sobre psicología, me haya visto con la necesidad de teclear, siguiendo la inercia del día: "quien soy". Y cual ha sido mi sorpresa al descubrir que aunque Google sabe que una dieta rica en ácidos grasos saturados aumenta los niveles de LDL y a largo plazo esto puede llegar a producir aterosclerosis, que móvil en castellano se escribe con "v",  que hoy se ha producido una conjunción de la luna con Júpiter y que para preparar las alcachofas al horno es necesario quitarles algunas hojas pero no demasiadas, aún no es capaz de aventurarse a saber quién soy (no soy una chica del barrio, tampoco me siento especialmente identificada con Disney aunque si me ponen El Rey León, la termino viendo seguro).

Y que queréis que os diga, he respirado aliviada después de pensar que aún hay cosas, las más importantes, que solo podemos aprender después de experimentar por nosotros mismos. Que vivimos obsesionados con consumir información, que en un principio parece que calma nuestra ansiedad cuando algo nos preocupa, pero que a largo plazo vemos que no es así, que llega a confundirnos más si la consumimos de forma indiscriminada. Que parece que necesitemos buscar explicaciones para absolutamente todo, cuando muchas veces hay cosas que se aprenden sin más, simplemente te las encuentras y basta. En definitiva, resguardémonos de la infoxicación.
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Mi Columpio por Montse Carrrasco Astals se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.
Basada en una obra en micolumpio.blogspot.com.