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Foto de Mónica Moro |
Entonces les cuento que una cosa es el periodismo y otra la publicidad. Y que precisamente la credibilidad de un medio de comunicación se basa en la separación que hace de sus intereses comerciales y el interés general de sus lectores. Así trabajan muchas redacciones en España. Les llegan informaciones de las empresas, normalmente en formato nota de prensa y los periodistas deciden si esa información es susceptible de aparecer en su medio y de qué forma. Cuanto más profesional es un medio de comunicación, más tiempo dedica en contrastar la información que les llega de una fuente. Por ejemplo, piden a la fuente emisora de dicha información que les proporcione el contacto de una persona de dentro de la empresa que les amplie o aclare la información que se facilita o también buscan acceder a otros contactos que tengan que ver con la información remitida. En resumen, usan la nota de prensa como base y construyen su artículo a partir de otras fuentes.
Pero en la práctica también ocurre que algunos medios de comunicación se limitan al copia-pega de notas de prensa y lo que es aún peor: piden dinero por publicar artículos "periodísticos" que NO están identificados como publireportajes. Y pensaréis, "claro, tal y como está el panorama, con una crisis galopante en el sector editorial, despidos en la redacción, etc... no me extraña". Pues os digo que esta situación no es nueva. En época de "bonanza" también ocurría. Antes, quizá sólo por comodidad. Ahora, por la comodidad de alargar la agonía de un modelo de negocio caduco. Y lo peor es que actualmente, al juntarse ambas motivaciones, esta práctica es más habitual que nunca.
Como empresa es muy cómodo pagar para que te saquen con la cara bonita. Como empresa-medio está muy bien asegurar ingresos extra por llenar espacios redaccionales y además ahorrarse dinero desprendiéndose de algún periodista más. Pero, ¿quién está en terreno neutral para frenar este círculo vicioso? Pues la más perjudicada y a la vez el motivo de existir de los medios. La clave está en la audiencia, cada vez más informada, con más criterio y consciente de estas prácticas, quien a través de sus acciones decide premiar o castigar al medio en cuestión.
Si clicamos un enlace de un medio que consideramos poco profesional o seguimos comprando un periódico que trabaja de esta forma o viendo un telediario que incorpora piezas informativas pagadas, estaremos fomentando estas prácticas. Así que os invito a observar a los medios con ojo crítico, en definitiva, a ser un poco periodistas. Se habla mucho del "paciente empoderado" en el sector sanitario, pues yo os propongo ampliar este concepto y hablar de "ciudadano empoderado", que no es más que el que se preocupa por ser corresponsable de lo que nuestra Constitución considera derechos fundamentales: dos de ellos son el derecho a la Información y a la Comunicación libre. Seamos nosotros mismos garantes de estos derechos que garantizan una buena salud democrática.
Si creéis que el periodismo debería ser más profesional podéis contribuir, precisamente ahora que está agonizante, a fomentar las buenas prácticas en la profesión para que, al fin y al cabo, todos estemos mejor informados.